Universalidad por universidad

Universidad, del lat. universĭtas, -ātis ‘universalidad, totalidad’, ‘colectividad’, ‘gremio, corporación’, en lat. mediev. ‘institución de enseñanza superior’. Universidad, institución de enseñanza superior que comprende diversas facultades, y que confiere los grados académicos correspondientes; según las épocas y países puede comprender colegios, institutos, departamentos, centros de investigación, escuelas profesionales, etc. Universidad, conjunto de las cosas creadas.

Estudiar en una universidad pública y gratuita es un derecho que, en teoría, tal y como manifiesta la Declaración Universal de los Derechos Humanos toda la población posee, al igual que el derecho a la propiedad individual y colectiva, a la vivienda, al trabajo, a la dignidad, a la libertad sexual, de pensamiento, de conciencia o religión.

Sin embargo, en los últimos años el acceso a la educación, esencialmente a una universidad de calidad en el ámbito público, es un asunto a considerar suficientemente problemático y trascendental. Las estrategias y planificaciones de admisión, de permanencia y de continuidad en la universidad exploran cada vez más moderar el acceso a este nivel mediante altas tasas, limitaciones a la hora de obtener becas, el coste de material universitario, etc. Siendo las familias o los propios estudiantes quienes nos autosubvencionamos una carrera, una “vida universitaria”, un material y un futuro.

Es ante estas situaciones cuando la educación universitaria comienza a considerarse un lujo, por ende, un privilegio. Es entonces cuando la condición de universidad como universalidad, totalidad y colectividad se viene abajo y el conjunto de “cosas creadas”, el espacio de creación, se destruye.

Destrozando el espacio de creación, se extermina un colectivo creativo. Excluyendo mentes brillantes y despojando a una sociedad de la equidad de oportunidades, se da exclusividad a la competición, al individualismo y a la élite social.

La educación abandona su virtud instrumentalizadora de construcción de la identidad personal, integradora y al desarrollo de destrezas para actuar y participar en el mundo. Renuncia a su condición funcional y al pensamiento crítico, a la resolución de conflictos y desigualdades. Es entonces cuando el sueño de la razón produce monstruos.

Pero que no cunda el pánico, nada está perdido. La universidad como toda institución, exige una interminable inspección tanto de sus planteamientos como de los mecanismos que determinan el éxito o el fracaso de la misma. Es hora de dar esa connotación, de dar sentido a la universalidad que debería poseer la universidad.

Veo todos los días a estudiantes y profesores luchando contra las taras de las élites, del estado y de la propia universidad. La universidad debe ser un lugar seguro, una constante búsqueda en el aprender a aprender, un conjunto de creaciones, cualidad de lo universal, de todas para todas.

“La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.”

Artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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