Toxicidad en el colectivo LGTBI+

Al llegar a Granada, allá por 2015, yo era un joven ingenuo y pueblerino que llega a Granada con muchas ganas de descubrir mundo, ampliar horizontes, enriquecerse culturalmente y sobre todo: hacer amigos maricones. No me costó mucho encontrar un grupo de gays con el que salir de fiesta y moverme un poco por ese ambiente. Sin embargo y para mi sorpresa, vi muchas actitudes que hicieron que me distanciase de esas personas.

A pesar de no ser yo muy versado por aquel entonces en feminismo, pude percibir que algo no estaba bien. Había algo que me chirriaba en su forma de relacionarse entre sí. Aunque por aquel entonces no lo sabía, lo que yo percibía eran actitudes machistas dentro de un grupo de gente que ha sufrido toda su vida esta misma opresión, pero que no han conseguido aprender nada.

Uno de los aspectos que más me sorprendió es el slutshaming que entre ellos mismos se hacían, criticándose a las espaldas cuando practicaban sexo esporádico con alguna persona. Pareciera que no es suficiente con el propio machismo social que sufrimos las personas LGTBI+ que encima existen círculos dentro del colectivo donde se adoptan actitudes tóxico-machistas.

Por suerte, empecé a concienciarme sobre el feminismo y fui mucho más consciente de la importancia que tiene la deconstrucción dentro de los círculos homosexuales. Esto me sirvió para aprender a identificar estas actitudes y eliminarlas. Ser homosexual no te libra de ser machista, ni tampoco de la responsabilidad para deconstruirte. 

He tenido la gran suerte de encontrar gente en mi colectivo que es realmente consciente y consecuente con su pensamiento, no asumiendo estas actitudes y siendo intransigente con ellas.

Otro aspecto del colectivo con el que me he visto enfrentado es la plumofobia. Muchos hombres cis-homo tratan de forma despectiva a hombres afeminados, lo cual resulta bastante iluminador en cuanto a lo machistas que pueden llegar a ser. Lo peor es que no se queda ahí, sino que tienen la poca vergüenza de alegar motivos sexuales para justificar esas actitudes denigrantes.

No olvidemos que el machismo no se reduce a las dinámicas internas en las relaciones afectivas entre homosexuales. Muchas veces he escuchado a personas heterosexuales preguntar a una pareja homosexual cosas como “¿quién es la mujer de la relación?”. Es importante entender que no existe tal cosa como “la mujer de la relación”, pero ni en las relaciones homosexuales ni en las heterosexuales.

Dinamitemos esas concepciones retrógradas y empecemos a entender el amor como algo que no debe encajarse en un rol concreto, las personas somos complejas y demostramos nuestro amor de distintas formas. No nos regimos por constructos de hombre o mujer a la hora de relacionarnos, o al menos, no deberíamos hacerlo.

En esta vida estamos en constante aprendizaje y deconstrucción, es importante que acabemos con estos prejuicios que tanto daño causan al colectivo y que empecemos a querernos y aceptarnos como somos, a cuidarnos unos a otros y sobre todo, a vivir y dejar vivir.

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