¿Lucrarse o venderse?

¿Qué tipo de contenido buscamos en una persona que venda su arte? ¿Buscamos algo que nos identifique o muy por el contrario, algo que queremos pero es poco probable que lo consigamos? En cualquiera de los casos, ¿qué es ese algo? ¿Una emoción, dinero, personalidad, carisma?

Billie Eilish está siendo, sobre todo últimamente, una de las minas de oro de su productora. Desde que se hizo “viral” con su canción (subida por su hermano) Ocean eyes, no ha parado de cosechar éxitos. De hecho, desde ese momento, fue su productora la que se hizo cargo de toda su obra.

Por definirla un poco, podríamos decir que mezcla ritmos pausados con algunos eléctricos, pero lo que destaca, o por lo menos, al gran público, es por sus letras entre tenebrosas y truculentas. En principio, parece ser lo común y algo que ya otros artistas están sacando. Sin embargo, cuando sabemos que esta chica tiene tan solo diecisiete años, resulta más polémico.

Creo que ya superado el debate sobre si está bien o mal capitalizar el arte, podemos entrar en otra discusión. ¿Es lícito capitalizar, en el caso de Billie Eilish, la salud mental? Parece lógico responder que no alegando que lo que capitaliza es un producto, venga de donde venga, artístico. Sin embargo, ¿hasta qué punto ese producto no es resultado de una depresión, o de ansiedad? Encima algo que compramos y que puede que sea agravante para ese estado.

Claro está que para ello Billie Eilish es la que tendría que afirmar o negar estas suposiciones sobre sus supuestos problemas. Además, cuando pensamos en su edad podríamos comenzar acusando a la productora de capitalizar eso de una menor. Pero, ¿no es esto, en parte, un prejuicio hacia la “adultez” dejando a las personas no adultas como incapaces de manejar o atesorar su propia vida?

En cualquier caso, no creo que sea un problema el hecho de sacar dinero con productos creados a través de tus experiencias. Lo que se pone aquí en juego es el momento de esa experiencia. ¿Hasta qué punto nos resulta cómodo apreciar un producto cultural si sabemos que ese producto tiene una realidad?

Quiero decir, ¿no nos resulta incómodo escuchar una canción sobre la depresión a una mujer que, en ese momento, tiene depresión? No solo por nuestra comodidad o responsabilidad, sino el ver relatar una experiencia difícil ante nuestros ojos y que estemos, en parte, banalizándola.

En mi caso, siempre he intentado comprar productos culturales que tengan que ver con la salud mental, quizá porque es uno de los temas sobre los que más me gusta conocer y porque en parte, me hace más llevadero saber que “alguien está como yo”. Por eso, también para darme una excusa, imagino que resulta polémico porque hemos señalado la salud mental como forma, que al igual que la no-adultez, parece resultar incapacitante. Es decir, dejando a esas personas como dependientes o no autónomas.

Nos queda preguntarnos ¿hasta qué punto hemos asumido que Billie Eilish no es plenamente consciente de que sus canciones son así? Podríamos verlo como una manera, bastante inteligente, de encontrar un nicho de mercado que no está siendo explotado.

Tal vez desde el morbo ella sepa que se puede sacar dinero, o puede que simplemente esté relatando y creando desde una experiencia propia o ajena.

¿Qué pensáis?

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