Apuntes para política

Ilustración: ISMO.

Nuestra primera colaboración, ¡por fin! Esta vez de la mano del estudiante universitario del último año del grado de Filosofía: Juan Luis Caler Gallardo.

El mundo está cambiando. Y lo está haciendo hacia una dirección que no nos agrada en absoluto. Las derechas e izquierdas están cada vez más polarizadas y da miedo consultar a la historia qué ha ocurrido en las épocas anteriores en las que la situación ha derivado así. Por eso quiero hablar aquí de propaganda. Porque en su buena intención de combatir a las derechas, la izquierda ha olvidado cuáles son las formas efectivas de transmitir determinados mensajes y en ocasiones la forma en la que lo hace no es inocua, sino contraproducente.

«Ha ganado Vox». Esto es algo que escucho hasta de mi plato de sopa. Ya sea como broma, expresión de alarma o arenga para que la gente luche, casi todos mis conocidos utilizan esa expresión o alguna similar. Eso es mala forma de transmitir el mensaje. El objetivo de expresiones como esa, de una forma u otra, es movilizar a la gente contra Vox y despertar a los durmientes que no ven el peligro de este partido. Esta intención es intachable, pero el mensaje produce otros efectos, siendo el más destacado el efecto caballo ganador y uno secundario el efecto espiral del silencio.

Resulta que los seres humanos somos animales sociales y estamos condicionados por nuestra evolución a organizarnos en grupos de unas formas determinadas. Debido a la educación actual ahora tenemos la capacidad de salir de algunas de estas formas de socialización. Eso sí, solo en ocasiones puntuales y sin que se convierta en nuestra conducta normal (por mucho que queramos creer lo contrario). Nuestra tendencia hacia ellas persiste y mayormente caemos en las mismas.

Una de estas tendencias consiste en adscribirnos con rapidez y facilidad a los grupos que percibimos como poderosos. Esto es lo que se conoce como efecto caballo ganador.  Queremos estar en grupos fuertes. Los grupos fuertes nos han dado seguridad, mayor acceso a recursos, y más posibilidades de supervivencia que los débiles. Por ello ahora cuando un grupo se nos presenta como poderoso no podemos evitar sentirnos atraídos por él (primer paso del efecto caballo ganador). Esto no significa que simpaticemos con sus ideas o sus miembros. Simplemente nos atrae tal cohesión y poder. El problema es que precisamente por ello mucha gente se une al grupo, solo por unirse al poderoso, y aunque no comparta sus ideas, las tolera pues este grupo brinda protección y apoyo (segundo paso). Hay que tener en cuenta al leer esto que lo más común es que las personas que se hayan unido al grupo percibido como fuerte no sean conscientes de que lo han hecho por esto y aduzcan razones diferentes para justificar su adhesión. Es una práctica normal buscar sin darnos cuenta justificaciones racionales que inscriban nuestros actos en un horizonte de sentido coherente (pero esto es salir del tema). Por último, hay un tercer paso que consiste en la aceptación de las ideas del grupo y la participación activa de ellas. Hacer esto nos brinda una mayor estabilidad dentro del grupo, al que separamos definitivamente de los otros. De nuevo, la asimilación de ideas es en muchas ocasiones inconsciente, construyéndose los discursos que las justifican después de ser adquiridas.

¿Qué ocurre cuando decimos ha ganado Vox para hacer que la gente luche y provocar alarma? Pues nada más y nada menos que crear un clima en el que Vox parece el grupo fuerte cuando, recordemos, solo tiene 12 escaños y 400.000 votos. Pero estos podrían aumentar si ese grupo se sigue percibiendo como poderoso. Y en el clima de opinión actual parece ser el más poderoso de los grupos. Con esto no quiero decir que no se deba combatir a vox o que no haya que crear alarma o que no existan motivos para alarmarse. Existen. Y muchos. Lo que quiero decir es que hay que cuidar las formas en las que se transmite el mensaje. Hay que crear alarma sin hacer que Vox parezca un grupo poderoso.

Otro problema es que el mensaje muchas veces no sale de los círculos de izquierda. Mensajes que exhortan a la diversidad cultural y la igualdad no llegan a la población que no cree ya en esos mensajes o que no está a punto de creerlos. La izquierda olvida que también hay que lanzar mensajes fuera de sus propios círculos. Es muy complicado sumar a tu causa de forma directa (diciendo las verdades a la cara, exponiendo hechos y argumentos, tratando de convencer) a aquellas personas a las que no les importa tu causa o son contrarios a ella. A esos grupos hay que lanzarles contrapropaganda. Y esto debe hacerse sin que parezca dirigida a ellos. Hay mensajes que funcionan en este sentido «Vox son muy poco numerosos» «en la izquierda somos más, somos millones» «ellos tienen miedo» «son débiles» etc. Incluir estos mensajes en aquello que la izquierda transmite puede reducir el efecto caballo ganador en detrimento de Vox y ganar de forma indirecta gente que apoye su causa por oposición a la debilidad de la derecha. Tal cual lo digo: ningunear de forma inteligente al enemigo es una forma muy efectiva de contrapropaganda. Los ejemplos que he puesto son muy simples y no demasiado ingeniosos, si queréis ejemplos ingeniosos poned un telediario y ved cómo tratan a la izquierda… Deberíamos aprender de este trato y aplicarlo a la derecha.

El segundo efecto que se produce, la espiral del silencio, tiene también que ver con esto de lo que estoy hablando: que los mensajes de la izquierda no salgan de la izquierda. ¿Cuántas de vosotras defendéis vuestras ideas delante de otra gente? Todas. Pero cuantas lo defendéis delante de gente de ideas ligeramente opuestas, quizá casi todas. Pero conforme las ideas de las otras personas se alejan de las nuestras, tendemos a callarnos. Esto no sucede con lo que se conoce como «núcleo duro» que son aquellas personas comprometidas con la lucha que la defienden en cualquier situación. Pero la lucha no se gana solo con el núcleo duro. Sin una masa de personas no comprometidas que compartan tus ideas y las defiendan en conversaciones normales con otras personas, el núcleo duro consigue poco. La espiral del silencio es pues, lo siguiente: las personas que perciben a su grupo como débil tienden a callarse en presencia de personas que pertenecen a un grupo que las primeras perciben como fuerte, y cuanto más se callan, más débiles se perciben y más se callan, más se callan… Esto fomenta que se produzca un clima en el que las personas del grupo percibido como fuerte exponen sus opiniones y las imponen inconscientemente muchas veces. Esto no es un efecto aislado sin consecuencias electorales. En el libro que encontraréis al final recomendado aparece explicado cómo el clima de opinión de los grupos percibidos fuertes, por minoritarios que sean, prevalece y produce. 1º una espiral del silencio en el resto de grupos que se callan (no el núcleo duro) y se perciben cada vez como más débiles; 2º que los grupos fuertes, a consecuencia, se perciban cada vez como más fuertes; 3º un efecto caballo ganador a favor de estos grupos. Así es como un puñado de ultraderechistas, haciendo campaña a través de grupos de Whatsapp y lugares sociales como peñas, bares, etc han conseguido 400.000 votos en Andalucía. Que se dice poco. Y me temo que con el clima de opinión que se ha formado mucha gente va a apostar a este caballo a partir de ahora.

Izquierda, no te calles. No hablo al núcleo duro. Sé que no paráis nunca en silencio. Sino a aquellas personas que sin estar comprometidas, simpatizan con las ideas de izquierda. Y ahora sí, núcleo duro, procura que cuándo hables no hagas parecer fuerte al enemigo, porque puedes estar construyéndole un castillo. Mejor ningunéalo y desprécialo al tiempo que creas la tan necesaria conciencia y alarma social.

Gracias a Elisabeth Noelle-Neuman por su libro La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social.

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