Soy tu pareja, no tu psicóloga

Al igual que casi todas las mujeres, he crecido viendo películas y leyendo libros que me han ido forjando ideas acerca del amor de las que no era consciente. Prácticamente toda la literatura juvenil o películas pensadas para este público tienen en común la reproducción de mitos sobre el amor romántico. Nos han hecho creer que es precioso ese amor, pero es por él que acabamos sufriendo. Sufrimiento que también tenemos interiorizado como si fuera bueno y no, el amor no duele.

Nos inculcan que hay comportamientos que, a pesar de ser tóxicos, tienen su punto de romanticismo y que deberíamos buscarlos en todas las parejas y no. Al fin y al cabo, normalizar este tipo de conducta e incluso llegar a idealizarla, conlleva que aceptemos, toleremos y justifiquemos comportamientos que son ofensivos.

Por culpa de tener interiorizado que este tipo de amor es el que necesitamos en nuestra vida, que esa persona es nuestra media naranja y que el amor puede con todo, aunque no sea una relación sana, nos podemos ver envueltas, sin darnos cuenta, en una relación de maltrato y dependencia.  Por culpa de estos mitos, muchas nos hemos sacrificado tanto que, al final, hemos perdido nuestra esencia, nuestras relaciones sociales, nos hemos anulado como personas y lo hemos dejado todo atrás.

Vivimos en una sociedad que nos quiere sumisas, reprimidas y relegadas a un puesto secundario detrás del hombre, en el que tenemos que dejar todo por él y por el amor que nos brinda. De hecho, en nuestra sociedad, que tengas pareja te hace especial y te da otro valor como persona.

Hay muchos mitos basados en el amor romántico, pero quiero centrarme en el hecho de que la sociedad nos ha impuesto que las mujeres somos las que tenemos que salvar al hombre, que tenemos que aguantar malos comportamientos hacia nosotras, porque, al final, él va a cambiar y va a ser mejor persona gracias a nosotras.

Todas, en algún momento de nuestra vida hemos conocido a alguien que, normalmente, arrastra un pasado lleno de problemas y hemos tenido la necesidad de tener que sacarle de ese pozo. Y ya no solo sacarle de ese pozo, sino que se nos reconozca ese hecho. El problema de esto es que dejamos de ser su pareja para empezar a ser su psicóloga. Es obvio que, en cualquier relación, tanto de pareja como de amistad, tenemos que encontrar apoyo y recibirlo, pero una cosa es eso y otra muy distinta es empezar a ser un saco de boxeo. No somos psicólogas, no tenemos por qué aguantar ciertos comentarios o actitudes sólo porque esa persona va a cambiar y, por culpa de lo que se nos ha inculcado acerca del amor romántico, acabamos en una espiral llena de contradicciones absurdas.

¿Quién no se ha encontrado en la situación de pensar que tenía que dejar a su pareja porque ya no podía más y ha pensado que era mejor no hacerlo porque no paraba de repetirse que “ya cambiará”, “me quiere”, “es que él es así”? Y al final, tener esta actitud lo único que hace es que valoremos a esa persona, más que a nosotras mismas.

Es este tipo de amor que llega como un soplo de viento fresco y que promete cambiar nuestra vida, el que nos acaba llenando de frustración y nos convierte en personas dependientes y egoístas porque, al igual que nosotras hemos abandonado todo para poder salvarle de esa situación, esperamos que él haga lo mismo con nosotras.

Permitidme que os diga que esto no es amor. No somos psicólogas, ni sacos de boxeos donde descargar toda rabia contenida o frustraciones. Tampoco somos medias personas que necesitan a otra para sentirse completas, como nos hacen creer. Somos seres individuales y autosuficientes capaces de resolver nuestra vida por nosotras mismas y tampoco tenemos la capacidad de salvarle la vida a nadie.

Empecemos a creer en que el amor construye y no destruye, que quien te quiere no te hace sufrir y, sobre todo, otorguémonos el valor que tenemos y no permitamos que nadie ponga en duda lo que somos ni lo que deberíamos ser. Para conseguir esto, primero tenemos que querernos a nosotras mismas y unirnos para poder derrotar todos estos pensamientos que tan interiorizados están en nuestra sociedad. Unámonos para decir que somos seres libres y que nos merecemos que nos quieran así porque una vez más os digo que esto no es amor. Podemos llamarle dependencia o incluso masoquismo, pero no amor

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