I can’t drown my demons, they know how to swim

La habitación era bastante normal. Las paredes, por lo que se podía ver, eran de un color rojo pálido, y el parqué se iluminaba levemente con la luz de la vela que adornaba el centro de la mesa ratona. Una estantería con algunos libros llena de polvo le daban el toque decadente que tanto le gustaba, el orden no era lo suyo. Él lo miraba como siempre lo había mirado.

-Bueno, ¿y ahora qué?- le preguntó desde su cómodo sofá mientras le daba una calada al porro.

Entonces él, que estaba en una silla enfrentada directamente a él, con sus piernas juntas y sus manos sobre ellas, se levantó y se acercó a la estantería para echar un vistazo a los libros.

Mientras tanto él seguía fumando y mirando cómo su humo, el que había salido de sus pulmones, se mezclaba con el pequeño hilo que desprendía la vela encendida.

Él se seguía paseando por la estantería, dejando caer sus ojos sin nada interesante que ver. Se volvió a sentar.

-Desde que te conocí hace ya un par de años, sentí un pequeño hormigueo en mi estómago. No le di importancia porque era chico. O más bien, le quité la importancia que en ese momento empezaba a tener. Pero no pude hacerlo por mucho tiempo. Por más que pasan los años, por más que lo intento, cada vez que miro a tus ojos me muero lentamente. No sé qué es, no sé si llamarlo amor, o simplemente deseo, u obsesión.

Le dio una calada y respondió

-Creo que le das demasiadas vueltas, es simple, si me quieres me lo dices, y te quitas el peso de encima.

-Es que no lo entiendes, ¿ves? no se trata de decirte lo que ya sabes una y otra vez; por que venga, no irás a decirme que cuando nos miramos no te das cuenta de que estoy enamorado de ti. Ese cuento ya no te vale. El problema real aquí es, ¿qué sientes tú? ¿por qué a veces me miras como si me estuvieses diciendo que me amas pero luego te vas sin más, sin atisbo de nada en tus ojos? No, no quiero que me digas nada. Ahora es mi turno para hablar. No puedo seguir así. No puedo seguir pretendiendo que somos amigos cuando claramente me confundes a todo momento, cuando estás jugando a este juego delirante en el que todo gira entorno a indirectas que, por lo menos a mi, no me llevan a ninguna parte mas que a un pozo vacío. Me he cansado, no quiero seguir con este juego. Quiero salir de aquí, quiero que me dejes avanzar.

Dio media vuelta, salió y dio un portazo.

Ahora se encontraba en una pequeña habitación roja, con una estantería y una mesa ratona adornada con una pequeña vela. Detrás de su luz estaban los ojos más hermosos que había visto.

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