Memes: el género híbrido que necesitas.

Ilustración: ISMO – 📸 @ismo.vignette

Sabemos que los géneros ya hace mucho que debieron quedarse atrás. Los literarios inclusive. Es por ello que la creación de géneros híbridos, que transiten entre varios, se convierte en lo esencial en nuestra época. Ya os hablé de millenials y qué millenial sería yo si no os hablase de memes. Pues allá vamos.

El meme es un género que está en constante renovación y mezcla. Sin embargo, debe sostenerse en cualquiera de sus partes: la imagen o la palabra. No podemos olvidar que el meme es un signo que comunica algo, aunque a veces sin palabra.

Hoy hablaremos de aquellos que comunican con y sin palabra. En El gen egoísta de R. Dawkins, el meme es definido como un sintagma que se transmite y reproduce en determinado ámbito social. En este, se mezcla, se difunde y comparte.

Podríamos decir que el meme tiene distintas capacidades:

  • Longevidad, la capacidad de mantenerse en el tiempo. Al ser una pieza digital, creada por, desde y para internet, la diversidad de los estímulos de los usuarios de la red social son los que hace que un meme se convierta en referente o no.
  • Fecundidad o propiedad de reproducirse. Cuanta mayor capacidad de reproducirse y expandirse mayor será el impacto de ese meme.
  • Fidelidad. Como dijimos, el meme cambia, se transforme y esa posibilidad es gracias a su carácter híbrido. Por tanto, cuanto más se asocie el meme a una información única o un mensaje claro menos se transformará. Si por el contrario, no comunicamos un mensaje único, sino que el mensaje sea meramente circunstancial, el meme cambiará y dirá cosas distintas.

Cabe preguntarnos si solo lo que hoy conocemos como meme son realmente los memes. Podríamos considerar que chistes, refranes o tradiciones sociales son memes. Cualquier cosa con estas capacidades de cambio, de uso, de expansión… sería un meme.

Lo que hoy nos llega como meme se articula respecto a otro concepto: Redes sociales. En internet se da un tipo de comunicación nueva. Si ya teníamos la interpersonal (cine, televisión, radio) y la de masas (internet en su abismo), ahora teneos la autocomunicación. Una donde usuarios coexisten, interactúan y se complementan entre sí.

Con esto podríamos definir el meme como una pieza de cultura, normalmente con un sesgo cómico y se constituye por la ilustración o representación del mundo “real” o virtual. Es una pieza que conlleva la participación y como tal, no podemos definir al meme solo por sí mismo, sino en relación al resto. Es decir, no hablamos de “meme” como algo concreto, sino que debemos hablar de “memes”.

Esto mismo nos lleva a entender los memes como objetos, pero también como procesos. Probablemente, la mayoría de los memes que nos encontremos no tengan la forma con la que han nacido, sino que son ya otra cosa, con otra forma y estén por ello dentro de un proceso de constante renovación.

Otro aspecto de esto mismo es que para entender el mensaje originario (único o no) del meme en cuestión es necesario ver muchas variedades del mismo. De lo contrario, en la gran mayoría de casos no pillaríamos la broma, es decir, el mensaje.

Pero, ¿qué es lo que hace al meme un meme en todo su esplendor? ¿cómo se forma? ¿de qué hablamos cuando hablamos de memes?

Primero, es una manifestación, ya se original o modificada. Luego, sigue una conducta, relacionada íntimamente con los receptores de esa pieza concreta. Su conducta es su paseo por el mundo virtual de la red social. Con esta conducta tenemos la ‘stance’ que sería la actitud del receptor/difusor. El compartir o el no hacerlo, el modificar o no el meme.

También es una idea, la cual, referencia a una realidad común o específica y con ella, tiene un contenido, una información. Ambas están englobadas en la forma, la manera en la que está expuesta la idea y el contenido.

Las piezas que creamos como memes son asequibles para cualquier persona usuaria. El meme adquiere un carácter universal: todo el mundo puede acceder y crear. Aunque, al ser piezas creadas por la red, hay ocasiones en las que se necesita una nueva alfabetización o que los mensajes que se den sean universales. Es decir, tu tatarabuela debe aprender a usar el ordenador o un señor español no entiende un meme latinoamericano por referirse a un contexto ajeno a él.

Queramos o no, las redes sociales hacen que repensemos lo que opinamos y a la vez, la amplitud del marco nos abre la mirada. Es cierto que los memes no son la pieza más completa y rica que nos aporta internet, pero sí que es una herramienta semiótica y retórica excelente que está cambiando nuestro lenguaje. Quizá esto va en detrimento de cosas que en el plano tradicional siguen teniendo su vigencia, pero, el tener recelo de internet y de las nuevas piezas de contenido que se crean es apartar la vista a la novedad y sin duda, al futuro.

En definitiva, las redes sociales están reapropiándose el término de cultura, el de calidad y el de reinvención. En este mundo, es justo eso lo que nos hace falta.

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