El Don de Palas

Ilustración: Irene Romanov @ireneromanov

Cuando te creía ido
aquella noche otoñal de noviembre
vuelvo a encontrarte en Granada
bajo destellos ónice verdoso
y tiemblo

Tiemblo porque no sé
si volverás a centellear
tus colores contra el mar
como tantos antes de ti

¡Maldito sea el día, Palas
en el que concediste a mi ingrata alma
el don de la visión en la retina ajena
de un mundo inabarcable
de comprensión y caos!

Ahora no descanso
pues esos ojos gorgónicos
han helado mi piel fibrosa
desesperando mi ser

esperando caer
y romper
quién sabe, con mi tez
el cascarón pedregoso
en el que me sumí
aquella noche otoñal

pero, ¿estará el interior
cubierto con libaciones de amor
o por el contrario vacua
oscuridad cubrirá la sangre
derramada por una rotura prematura?

                                                 

                                               Mauro Cavalieri

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