Cansadas, cargadas, borradas


Siempre me ha costado empezar cualquier cosa. Así que con la responsabilidad tan importante que supone hablar de feminismo, me resulta casi imposible hacerlo. Me gustaría explicaros qué es o qué ha significado esta lucha, así, en general. Pero creo que no tengo el derecho a hablar de nadie que no sea yo. Por eso, hablo desde mí.


Hay que saber para hablar. Yo no sé mucho. Sé lo mío, lo que me ha ayudado. Por esto, hoy, al lanzarme como primera a este foso de fieras, hablaré del cansancio.




Hace un tiempo, escribí lo que para mí era un poema. En él me preguntaba sobre por qué luchar desde dentro si lo que cambiabas solo se quedaba ahí, en una herida que supura. No entendía para qué sirve el abrirse las entrañas y compartir, ni el porqué de hacerlo. Muchas personas, tras estas palabras, pensaréis de mí que no abogo por el movimiento o que me equivoco en esto o aquello. Dejadme deciros algo: solo estaba cansada.




Quería dejar de llorar y gritar por el daño de otras mujeres, que se convertía en propio, porque no veía un final. Probablemente, es que no existe un final y las victorias sean parciales.




El caso es que no me aliviaba seguir con esta lucha, no me compensaba porque dolía. Estar siempre vigilante, atenta. El no poder simplemente estar cansada, me agotaba. Estaba hastiada de luchas que desde el comienzo parecían pérdidas, de situarme de manera incómoda en el sistema y que este mismo me incapacitara.




Llegué a pensar que la multitud, mis propias hermanas, solo ahogaban las palabras, sofocaban el discurso. Había caído en la trampa de apelarme en lo que más daño me hacía: el feminismo.




Este daño, obviamente, no por el movimiento, sino porque es la única herramienta que daba perspectiva. Ser feminista es darse cuenta de lo mucho que has sufrido y hacer recuento del daño, el que te han hecho y el que has hecho. Por eso, entregarse a esto, cansa y es lícito el hastío.




Estar agotada no significa dejar de luchar. Desear ser vencida por el sistema tampoco lo es. El combate con nosotras mismas y con el mundo no es fácil así que, sentirse incapaz, el darse un tiempo de no involucrarnos o dolernos todo el rato es justo y el feminismo, ante todo, es justicia.




Quizá esto se pueda aplicar a cualquier ámbito, pero es lo que yo he aprendido. Hace mucho que intento ser lo mejor que puedo, y me dejo vencer porque a veces, abandonarse, es lo que te hace bien. Tal vez el problema sea esa dualidad de lo correcto y lo incorrecto. No debéis de ser correctas, en el feminismo tampoco.




Lo único que os toca es comprenderos a vosotras y al resto. Abogar por un todas unidas y un yo individual. Equivocaos y escapad cuando os haga falta, hastiaros con la necesidad de estar activas y reivindicativas todo el tiempo. Aprendamos a rendirnos si es algo que decidís pero que ojalá nunca tuviera que ser así.




Cuidaos mucho y permitiros, es lo único que os puedo decir.





Carmen Ríos. 

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